
La economía argentina se está beneficiando con una distensión financiera, de raíz internacional con condimentos locales. Es un primer paso para una normalización macro pero no es todavía suficiente para revertir la recesión.
Que baje la dolarización de portafolios y el BCRA vuelva a comprar dólares como en agosto (US$ 550 M) y septiembre (US$ 360 M al día 18) es bueno pero lo relevante sería que comprara un monto importante por mes durante varios meses seguidos. Que suba el precio de los bonos de la deuda y desaparezca el riesgo de default inminente es bueno pero lo relevante sería un acceso permanente y a bajo costo al mercado de capitales.
Que suban los depósitos es bueno pero lo relevante sería que se regenerara el crédito fluido al sector privado a un costo accesible.
La distensión financiera coincide paradójicamente con el peor momento fiscal de Argentina desde 2003. El Tesoro no tiene más superávit fiscal primario de caja, un deterioro que luce irreversible incluso para 2010. Requeriría un esfuerzo político enorme en términos de presión tributaria y/o freno del gasto, impracticable en las actuales circunstancias políticas y sociales. El problema en 2010 no será tanto la recaudación. Los ingresos fiscales pueden crecer algo más que este año en torno a 15%. El brete fiscal está en el gasto. 15% de aumento de recaudación no es poco en valor absoluto, pero sería insignificante si el gasto creciera al 28%, como sucede en la actualidad. Con +15 de recaudación y + 28 de gasto, el año próximo el déficit primario explotaría. Sería un suicidio fiscal. En el otro extremo, 15% de suba de la recaudación también sería poco para recomponer el superávit primario al nivel de los años pasados. Requeriría directamente congelar el gasto nominal de 2010 en el valor de 2009. Sería un suicidio político.
El Presupuesto 2010 prevé una suba del gasto de 12%. Pero la historia muestra que en la era N. Kirchner – C. Fernández la suba porcentual anual del gasto público nunca empezó con 1. Fue siempre cercano al 20% anual entre 2003 y 2006, 45% en 2007, 36% en 2008 y 27% en 2009. Los antecedentes hacen pensar que el crecimiento del gasto es más probable que empiece con 2 que con 1. Si en 2010 la suba porcentual del gasto empezara por primera vez con 1 serviría apenas para evitar que el déficit primario se profundice. La Argentina va camino a caer en déficit fiscal primario, en el mejor de los casos a estar en cero. Habrá que trabajar mucho para financiar los pagos de la deuda y también el déficit primario. La diferencia entre Argentina y otros países emergentes, es que no dispone de financiamiento fluido y a tasas accesibles para darse el lujo de tener déficit fiscal. La distensión financiera internacional abre algunas puertas para que el gobierno resuelva la situación con los organismos internacionales de crédito, luce también más factible desempolvar las propuestas a los “hold - out” con algo de plata fresca y seguir explorando nuevos canjes. Incluso no puede descartarse que se coloquen algunos bonos por montos acotados pagando 13% o 14% en dólares.
Son mecanismos que se definen haciendo camino al andar para juntar plata, aunque sea de a poco. No es sinónimo de volver a los mercados. Es aprovechar que el contexto financiero internacional da cabida. Se está delineando un cambio en el modelo de financiamiento fiscal de Argentina. Se seguirá pagando la deuda en dólares con reservas y se empezará a pagar la deuda en pesos con emisión monetaria, neto de lo que se consiga de plata fresca. Es un modelo que reduce el riesgo de default (porque la deuda se paga) pero con consecuencias nocivas para la macro (porque no se paga con financiamiento genuino). Lleva inevitablemente al modelo del impuesto inflacionario. En este modelo puede convivir el alto precio de los bonos con un mayor grado de conflictividad social.
El Presupuesto 2010 es uno de los eslabones de la cadena de deterioro fiscal grave en que entró el modelo económico. Tiene una pauta de ingresos accesible con un PBI nominal creciendo al 16/18%, con la combinación de nivel de actividad e inflación que a cada uno más le guste. Todo va a tener que salir de la recaudación “tradicional” porque ya no va a estar la ayuda de los fondos que antes administraban las AFJP y habrá menos “sorpresas” con las utilidades ganadas por el BCRA y la Anses.
La clave es el gasto público. Bajar de una tasa de crecimiento promedio del 35% en los últimos 3 años al 12% de aumento en 2010 no será tarea fácil. No es un ahorro que se consiga frenando algunas obras y ajustando algunas tarifas. Se va a necesitar disciplina, además de algunas manipulaciones contables para disimular gastos como inversiones financieras. El Proyecto tiene un aumento muy acotado de las jubilaciones, no contempla aumentos de sueldos para los empleados públicos, se apoya muy fuerte en la contención del gasto en subsidios al sector privado (sobre todo en energía), que implicaría fuertes subas en las tarifas. Decisiones todas con altos costos políticos.
Igualmente el Presupuesto es un instrumento devaluado dada la diferencia entre lo que se votó y lo que terminó pasando realmente en los últimos años. Por ejemplo, en 2008 se votaron gastos primarios por $ 142.400 M (9% más que el gasto ejecutado de 2007). Finalmente se gastaron $ 182.000 M, 39% más que el año anterior. Esto se hizo montado en el fuerte aumento de los ingresos. En 2010 la suba de recursos no va a dar para tanto pero el ejemplo sirve para mostrar los límites del Presupuesto como indicador. Son expresiones de deseos. La realidad se verá sobre la marcha.
